Señor de la lluvia y guardián de la fertilidad, su nombre en náhuatl significa “el que hace germinar la tierra”. Para los aztecas, invocar a Tláloc era invocar la vida misma: el agua que nutre, que conecta la muerte con el renacer, que hace florecer la esperanza.
Simbolismo de la Lluvia: Tláloc era invocado para obtener lluvia, crucial para las cosechas en la agricultura. Los aztecas realizaban rituales y sacrificios en su honor para asegurarse de recibir la cantidad adecuada de agua para sus cultivos. La lluvia, simbolizada por Tláloc, también estaba conectada al ciclo de vida y muerte.

